
Jamás una mujer se enamoraría de mi… no es posible, no se puede; no me pueden.
Yo he visto como las damas se idiotizan con la presencia de aquel a quien le entregan su amor; se hacen sus ojos diferentes, se vigorizan, se sonrojan, y cuando miran a su gran hombre se llenan de todo eso que lo hace especial y formidable, y su alma no puede atender a nada más.
Pero yo no soy especial ni formidable. Jamás lo seria. No soy hermoso, ni tengo talentos extraordinarios, ni estirpe; no soy educado, ni adinerado; no tengo nada para amar…
Tengo todo lo que a una mujer jamás amaría: una vida normal, con sueños, con sacrificios; con minutos, horas, fragancias, ecos y cosquillas. Tengo las fracciones de la vida que se vive en la palma de mi mano, y una pizca del amor en los labios.
…Tengo solamente la vida mía.
No soy suficiente.