
Calor en los pies. Dolor en los ojos. Despertar. Escuchar el amable crujido del reloj; reconocer al gato que duerme sobre de ti; ubicarte dentro del desorden y caos de la habitación; salir sin hablar... Caminar por esos pasillos que parecen tuneles ensordecedores, casi cavernas, con fragmentos, retazos y sobras de una vida que se vivio hasta la noche de ayer, antes de dormir...
... Pero ahora despiertas. Y recuerdas la existencia del mundo, de la vida, con esa primer sensacion en el paladar, parecida a la gloria, pero con olor a cafe.
... las calles estan llenas de gente caminando, conduciendo, viniendo y huyendo; casí sin saber a donde van, simplemente perdidas en la costumbre, ahogadas en la rutina, en lo de siempre (caminar, ir, venir, llegar, y a veces encontrarse... sólo a veces).
La oficina, ese lugar de locos... Manicomnio deberia de llamarse, piensas para tus adentros y elaboras una breve sonrisa, mientras miras a las criaturas salvajes alrededor: los jefes, la cajera, el mesanjero, los auxiliares inutiles, la secretaria resvalosa... Esa bendita secretaria (¿cuantas veces te has apagado la calentura con ella? ... No lo recuerdas). Bendita sea; bendita y fogosa; una oracion y agradecimiento para quien la haya contratado; y otra oracion y gracias a Dios por sus muslos calientes, su cintura, sus pechos, sus labios y esa gran habilidad que tiene para satisfacer a sus amantes.
... Caminas rápido. Paras de pensar en la selva que te rodea. Saludas en automatico, sin emocion; despues de todo a nadie le importa darse los buenos días, es sólo una costumbre. Y llegas a tu lugar, tu destino, tu segunda casa, tu pedazo de complice...
Llamadas telefonicas. Recados. Citas. Pendientes. Y el insufrible jefe jodientode, idiotamente...
... Y despues de una larga espera, finalmente, orgasmicamente, la salida...
Es el primer día de la semana. Es un día más. Es cualquier día... Es un día normal.







