A veces quiero morir… Morirme. Ausentarme. Apagarme.
Quiero morir hoy, mañana, pasado mañana, el miércoles, el jueves, el viernes y quizás el sábado, aun no lo he decidido, ni podría saberlo.
En ocasiones sueño con asesinarme, cortarme, matarme, sacar la vida que llevo en las venas y escurrirla, derramarla, y que se dibujen figuras deformes de ella, sobre los ladrillos blancos de la sala…
Quiero morirme el lunes, sobre la primera página del diario, sin tomar el café de la mañana y antes de que salir a trabajar me recuerde que tengo flojera y que en realidad no quiero ir…
El martes, miércoles y jueves quiero morir jugando, fingiendo, pretendiendo que estoy haciendo cosas importantes; pero quiero vivir un poco, cinco minutos, para ir al café, a la tienda de ricos pastelitos y bocadillos, al puesto de revistas y discos, para quedarme pasmado un momento mirando esas cosas raras que venden en aquella tienda y para platicar con la atractiva dependiente, pedirle su teléfono y planear la noche del sábado con ella.
El viernes sólo quiero morir desde la mañana y hasta quince minutos antes de la salida…
El sábado… el sábado saldré de compras y visitaremos todos esos lugares que en este momento ya no recuerdo, pero que descubriremos nuevamente este sábado, para llenarnos los ojos y satisfacernos con esos pequeños gustos vanidosos…
Y también el sábado, en la noche, saldremos a olvidar que morí muchas veces, nos divertiremos entre el ruido, la gente, canciones, bebidas, el humo del cigarro, las horas de la madrugada y el sonido de las llaves de tu departamento…
El domingo… el domingo despertaremos cansados, al medio día, con la noche en nuestros ojos y los cuerpos fatigados de hacer el amor.