
Tengo la manía de recordar los rostros de la gente que veo pasar cuando voy por la calle, sólo por curiosidad, para ver si en alguna ocasión me los vuelvo encontrar, en la calle o en cualquier otro sitio; de esta forma intento descifrar si acaso somos demasiadas personas en una misma ciudad como para no volvernos a ver jamás…
Recuerdo que una vez miré a una chica particularmente especial, no sólo porque era bonita, sino porque tenía “algo especial”, no supe nunca que era aquello, pero ella lo tenía. Ya sabes. Imagino que te ha sucedido.
Tenia unos pantalones deportivos, de esos que la gente les llama pants (yo nunca he entendido porque les llaman así, a mi mas bien me parecen pijamas o pantalones suaves… pero ¿Pants?, me suena como a una ocurrencia que tuvo alguien cuando intentaba decir pantalones y estornudo sin poder concluir la palabra… yo simplemente prefiero llamarles pantalones deportivos, me parece que de esa manera se hace mas justicia a nuestro idioma y no permitimos que E. U. A. continúe su dominio del mundo). El caso es que ella vestía esos pantalones, de color gris, con un toque de rojo, casi rosa, en algunas partes. También usaba una playera blanca, ajustada a su cuerpo, lo cual permitía admirar sus increíbles y bellas formas. Además, tenía una piel morena, aterciopelada, ojos oscuros y pequeños, cabello castaño oscuro, corto, con un peinado extraño, casi ridículo, esponjado a los lados pero aplanado y hecho para atrás justo en el medio.
Cuando la vi yo compraba comida rápida en uno de esos lugares donde la comida parece ser solamente un requisito absurdo y sin importancia para continuar el día (donde se come rápido, sin platicas, conversaciones interesantes, meditaciones, ni anécdotas, en compañía de nadie, sino simplemente comer, tragar, y luego salir de allí, seguir caminando rápido, para llegar a quien sabe que lugar, donde también estarán otras personas apresuradas porque la vida se acaba sino se entrega una carta, se firma un documento, se revisa el expediente, se terminan unos planos, se cierra un acuerdo, etc.). ¿Cómo podría acercarme a ella… hablarle… conocerla? Realmente no se me ocurrió ninguna forma… y preferí sólo mirarla.
No pude dejar de verla. La mire durante no sé cuantos minutos, quizás horas… Bueno, realmente no creo que fuera tanto tiempo. Pero la mire mucho, intentando memorizarla, aprenderla, recordarla, disfrutarla y llevarla conmigo.
Después ya no pude olvidarla… la llevé gravada en la mente durante mucho tiempo… y justo cuando pensé que ya la había olvidado, me la encontré en una pequeña tienda de electrónica, como dependiente. Sé que ella no me recuerda. Pero fue agradable encontrarla, revivirla, recuperarla de entre mis olvidos… Y desde entonces no pierdo oportunidad de ir a compras a ese lugar y platicar con ella.