domingo, septiembre 28, 2008


Había transcurrido mucho tiempo desde la última vez que la vi, pero yo aún recordaba sus besos, algunos entregados a mí a regañadientes, su piel blanca, aterciopelada y suave (incluso más suave en sus piernas, esas piernas que extrañan mis manos), el olor de sus cabellos castaños y su sonrisa, con esos labios que alguna vez pronunciaron mi nombre en silencio. Y ella, ella me recordaba a mí, lo sé. Me evadió la mirada apenas se dio cuenta que era yo el que se aproximaba hacia ella, a través de la acera, como lo hacen las personas cuando huyen de mirar algo que les recordará el pasado.

Al final camine justamente al lado de ella, pretendiendo que no la vi, fingiendo, siguiendo su juego, como en tantas ocasiones había jugado con ella. Y después, sin más remedio, la dejé atrás, como la última vez.


Ella: Así que, puedes leer la mente.
Yo: No es problema, eres predecible.
Ella: Bien, tengo algo que decirte.
Yo: Pues dímelo.
Ella: ¿Para que decírtelo si me puedes leer la mente?
Yo: Pero mejor me lo dices.
Ella: No, mejor te miento.


¿Y qué si no me dan ganas de hacer nada? Tengo las manos rotas, fracturadas, emparchadas, me duelen; tengo el aliento alcohólico, los pies cansados, la suciedad, pesadumbre, tristeza y el llanto ahogado de las personas que están como muertas, separadas de lo demás, miserables, infectadas por el odio y la repugnancia de uno mismo.

Me odio. Pero más que nada me doy asco. Parece que lo único que he podido acumular, en los pocos días que he caminado sobre la tierra, son fracasos, deudas, enemigos y muerte.

miércoles, septiembre 24, 2008


Te detienes a mirar a través de la ventana, con el café en la mano, vestida en pijama, teniendo el sueño en los ojos y ese calor en el cuerpo de cuando acabas de despertar. Afuera llueve. Es de noche, pero llueve como si el agua quisiera mojar todo lo que pudiera; después de todo a ella no le importa, solo se llueve y cae, alrededor, sobre y por todos lados. Inunda, ahoga, riega y humedece todo sonido, murmullo, movimiento y sensación… Las une en una sola armonía, esa que se hace cuando la lluvia cae como si quisiera crear algo diferente de la noche.

Pero, después de todo, ésta noche ya es distinta, a pesar de los esfuerzos de la lluvia. -tu y yo le hemos ganado, - le dices a quien te espera en la habitación- hemos transformado a la noche en otra diferente antes que la lluvia… La hemos hecha nuestra, especial- y luego sonríes a pesar de que no parece haber entendido, pero no te importa, nada importa realmente, y te diriges a la habitación a continuar con la transformación de la noche.

miércoles, septiembre 17, 2008



Pienso que, muy adentro mío lo había pedido, había estado como rogando, casi suplicando, por ésto desde el comienzo… Hace algunos días atrás. No conscientemente, pero lo he hice… La verdad es que no me sentía cómodo… Era como sufrir.

Si, quizás así realmente fue… Quizás esto sea lo que realmente quiero… Un poco de café para recordar mi nombre y el sabor azucarado de los nuevos días en una galleta…

jueves, septiembre 11, 2008


Las noches en la casa de Alvar Muñoz no se vivía como en otras casas, allí parecía que la noche era más día que noche. Se trabajaba hasta la madrugada, se reía a carcajadas como si no les importara la tranquilidad y el sueño de los vecinos; se comía igual un pan que un pedazo de pastel, una dona, pudín, flan o golosinas, acompañadas de refresco o café fríos; se miraba la tele (que mas parecía existir sola, porque realmente a nadie le importaba mirarla sino solamente escuchar su ruido para no sentirse que el día había acabado varias horas atrás) y dejaban los deberes que no les daban ganas de hacer pendientes para el día siguiente; se hablaba de problemas, retos y de triunfos; se platicaba de lo que se hizo durante el día y de lo que se haría al siguiente; y, a veces, se rezaba un rosario para conciliar el sueño, calmar el alma y llenarse de una dosis suficiente de fe para enfrentar aquello que se esperaba a la mañana o la tarde siguiente.

A su madre, Doña Meche, le gustaba reír, se reía de casi todo, de las locuras que le contaban sus amigas, de las cosas que hacían sus gatos, sus perros, sus gallos y gallinas, sus patos, sus pericos australianos y uno que otro animalito que por fortuna había llegado a la casa para llenarla de tantas y tantas anécdotas y curiosidades, se reía hasta de sus desdichas, que al final ella llamaba triunfos, porque de qué otra manera se podrían llamar a aquellas cosas que de pronto la dejaban preocupada y que luego resultaban superadas, dejando montones de historias entrelazadas para contar y una satisfacción tremenda de que la vida y Dios ofrecían esperanza, consuelo y fe.

No terminaba la noche en esa casa sino hasta pasadas las tres de la mañana, cuando Alvar decidía irse a dormir después de sacar al perro, cepillarse los dientes durante cinco minutos y bañarse, porque a Alvar no le gustaba dormir con la suciedad que había acumulado durante todo el día. –Nada que no sea yo y mis deseos y mis sueños, duermen conmigo– se dijo una noche y la soledad pareció entenderle aquella manía suya de irse dormir con el cabello un poco mojado.

Los días, en cambio, eran diferentes siempre en casa de Alvar, a veces había mucha gente reunida, personas que iban y venían por varias y diferentes razones, familiares, vecinos, amigos y desconocidos por igual podían aparecerse y desaparecerse tan rápido como llegaron o tan lento que a su madre le daban desesperadas ganas de sacarlos; otras veces no había nadie y parecía una casa abandonada. Pero la visita que mas le gusta a Alvar era la de su novia, una chica de increíbles coincidencias con él pero con casi igual cantidad de diferencias.

Una tarde la tía Chata, una mujer de costumbres y creencias antiguas pero de comportamiento a veces salvaje, le comentó a Doña Meche que no interviniera en la relación de su hijo porque, según dijo ella, –hacen una buena pareja, se ven muy bien juntos y hasta se parecen…– y luego agregó con esa voz que una hermana mayor utiliza apara decirle a su hermanita una advertencia mas que un consejo– No es conveniente intervenir cuando sucede eso, porque si son el uno para el otro y se separan luego ya no formalizaran en ninguna relación–. Y Doña Meche nunca se rió de eso.


(Despues de leer: Mujeres de ojos grandes de Ángeles Mastretta)

miércoles, septiembre 10, 2008


No le puedo ver el rostro, pero me gustaría verlo. Quizá tiene la cara angustiada porque no hay nadie cerca… Nosotros sabemos que hay algo detrás de la neblina pero esta oculto, distante, parecido a la intimidad, al misterio… Pero aun así hay algo que vemos.

¿Qué quieres que te diga? Es como si la felicidad del mundo se hubiera ido y se hubiera detenido todo por un segundo… En una imagen lejana… Jugar y perderse en la neblina. Ver, mirar, escuchar… sentir…

lunes, septiembre 08, 2008


Monik: ¿Y ahora?
Yo: … ¿Ahora qué?
Monik: Pues eso digo yo, ¡¿qué?!
Yo: Pues nada.
Monik: Pues no mames.

viernes, septiembre 05, 2008


A veces parezco un poco loco; un poco indecente, cínico, insolente, extraviado, incompleto, asustado, débil, torpe, amable, abrumado, indeciso, absurdo… Un poco azul. Pero también, a veces, parezco una persona que se podría decir más o menos normal, con la risa recorriéndome, las preocupaciones olvidadas y unas ganas como cosquillas en las puntas de los dedos de que el tiempo fuera eterno…


Me reencontré contigo, y conmigo, con nosotros. Parecía que jamás volvería a verte y te extrañe más de lo que había imaginado que te extrañaría. Lo admito, yo fui el que no tuvo cuidado contigo y por eso te dejaste ir. Ojala algún me lo perdones, yo, mientras tanto, no me lo puedo perdonar.

Me hiciste falta, tu, aquí, en este rincón que tengo para las cosas que más quiero, para lo que es de mi, para lo que amo y que significan tanto como para sentirse que he muerto un poco más de lo que se puede morir cuando las pierdo.


A veces me distrago tanto que no sé donde estoy. Y me pierdo… Y nada queda de mí sino solamente aquello que no se desprendió de mi aura, más parecida a una torpe sombra que no se sabe, que no se ve, pero que se mantiene por allí, caminando, casi perdida, vagabunda de si misma, insospechada, vacía, inservible.

jueves, septiembre 04, 2008


Hay silencio, mucho silencio. Quizás se debe a que el viento sabe que pronto alguien nos abandonará, se irá lejos, fuera de nosotros, a mucha distancia de donde podremos encontrarla, posiblemente allá donde se van los que ya no quieren ser vistos ni nombrados, en el olvido, cerca del callejón de “alguna vez te vi pero ya no me acuerdo” y en frente de esa casa color verde que nos recuerda aun cementerio y que es donde la gente arroja lo que ya lo le sirve, lo que ya no quieren y lo que desprecian.
Si, alguien pronto morirá. Lo puedo sentir, casi oler. Pero no puedo saber quién será. Es difícil. Muy difícil. El año pasado sucedió lo mismo, y fue muy duro descubrir de quien se trataba… Pero fue como siempre: Al principio no lo puedes creer, luego te enojas, después intentas cambiar las cosas, finalmente caes en una inmensa tristeza que te lleva mucho tiempo para después entender que no se puede hacer nada y que la vida continúa. En fin. Aun ahora casi la extraño… A veces.

miércoles, septiembre 03, 2008


A veces pienso en la gente que me rodea; en lo que son, en lo que serian y lo que serán. Los miro como retazos de una historia de todavía se esta escribiendo y que continua cuando las pierdo de vista, cuando se van del espacio que compartían conmigo, lejos, a seguir con sus vidas. ¿Cuántos de ellos morirán antes que yo? ¿Cuantos de ellos sufrirán más que yo? ¿Cuántos de ellos realizaran cosas más grandes que yo? No se puede saber. Pero mantengo esas y más preguntas cada vez que alguien se atraviesa en mi recorrido por la vida, a veces por accidente, otras por casualidad, en ocasiones porque yo lo decido y en algunas, muy pocas, porque ellos lo eligen. La mayoría de las veces es solo el azar, la casualidad, lo que nos lleva a compartir, a llenar con lo que hacemos, los momentos que hay entre la cuna y la tumba.

martes, septiembre 02, 2008

Me duele la cabeza.

::Es dificil llevar una vida normal cuando se tiene un alma de gato:: 

::ser diferente tiene sus consecuencias::