
Todo está en la palma de nuestra mano. A veces me gustaría creer eso que dicen las adivinas, las brujas y los gitanos, que todo está en la palma de mi mano, escrito como en clave, con líneas rectas y curvas, parecidas a peces que nadan en la piel, entre un mar de líneas más pequeñas que hacen olas y tienen esa sensación a profundidad, a misterios, hechizantes, seductoras; todo en la palma de nuestra mano.
Me gustaría creer. Y quisiera saber qué dicen de mí esas líneas extrañas, de qué hablan; quisiera saber cuándo y de qué forma será mi muerte, cuantos amores conoceré, hacia donde llegaré, cuantas veces cometeré los mismos errores o qué sucederá mañana.
Todo está allí, escrito. Dibujado. En la palma de mi mano, ésta que se ve un poco color rosa porque mi sangre es caliente y un poco tosca y áspera porque he trabajado en labores pesadas. ¿Será que eso también lo sabe mi mano? Ha de ser que sí y que por momentos me lo cuenta y me recuerda de dónde vengo y hacia dónde voy. Pero si pudiera ver un poco más, hablar con ella, me permitiría preguntarle muchas cosas y platicar con ella, planeando juntos nuestro futuro. Y seguramente nuestra charla sonaría a emociones, a descifrar misterios, a saber, a jugar mucho y a disfrutar aún más los días; y la gente que nos vuiera y escuchara hablar se detendría a pensar y luego seguiria su camino pero con un rumbo y perspectiva diferente.