
A esa gente ya ni la recuerdo; a veces parece que sólo quedan algunas voces y una que otra risa inesperada, sorpresiva, traída por los despojos de aquellos minutos ahora lejanos, como nuestros juguetes de cuando éramos niños. ¿Te acuerdas? Tu me dijiste que tenias un cochecito de cuerda, ese que era azul y que tanto te gustaba; yo sólo espero que cuando lo recuerdes aun te provoque una sonrisa.
Cuando yo fui niño tenia mucho juguetes, pero no los recuerdo todos, es una pena, es casi como si se hubieran muerto con el paso del tiempo; o quizás soy yo el que fue muriendo un poco con el paso del tiempo, mientras crecí. No lo sé. Pero mis manos todavía evocan, en ocasiones, los juegos, la sensación a tierra entre los dedos, el viento, las diferentes luces del sol, gritar, nadar, brincar, correr hasta no poder más y luego dejarse caer sobre la hierba para mirar el cielo, con el corazón como riéndose a carcajadas.