
– Tienes una raspada. Parece una herida de tiempo atrás, como si te hubieras quemado (es como de esas heridas que los tiempos no dejaron curar, y que cuando las pensábamos se sentían que dolían más). Permíteme sanarte, cicatrizarte, y que termine de doler; ¿Te permitirías detener tu viaje y quedarte una noche más? … Tal vez al despertar las horas nocturnas se hayan llevado las pasiones, los sueños, las pesadillas, los ladridos de los perros; y ellos tu pena.
… ¿Lo permitirías? … ¿Quieres que sigamos divagando?
– No, déjame, se que te quieres ir.


